LSU y los escándalos recientes: lo que ocurrió dentro del programa
Durante años, hablar de LSU Football significaba hablar de una de las grandes potencias del College Football.
Tiger Stadium.
Más de 100.000 aficionados.
Campeonatos nacionales.
Quarterbacks camino de la NFL.
Una de las mayores fábricas de talento del fútbol americano universitario.
Pero durante los últimos años, y especialmente desde 2025, la conversación alrededor de los Tigers ha empezado a ser diferente.
Despidos, conflictos internos, disputas legales, acusaciones de conducta inapropiada, problemas de gobernanza, enormes contratos y una batalla con la propia SEC.
Y todo esto ha ocurrido mientras LSU intentaba reconstruir su programa de fútbol americano.
La llegada de Lane Kiffin en noviembre de 2025 parecía destinada a devolver estabilidad al programa. En realidad, sus primeros meses han colocado a LSU en el centro de una de las mayores controversias del nuevo College Football: la posibilidad de que jugadores que ya habían pasado por la NFL regresen al fútbol universitario.
El resultado es una situación bastante extraña.
Para entenderlas hay que retroceder unos años.

LSU: cuando ganar dejó de ser suficiente
LSU no es un programa donde simplemente se espere competir.
Se espera ganar.
La universidad ha construido una de las grandes potencias del fútbol universitario moderno alrededor de una combinación de talento local, reclutamiento nacional, recursos económicos y una cultura deportiva extraordinariamente intensa.
Después del campeonato nacional de 2019, conquistado con Joe Burrow, Ja’Marr Chase y una de las ofensivas más espectaculares de la historia reciente, LSU entró en una etapa de transición.
Ed Orgeron terminó abandonando el programa.
Y en diciembre de 2021 LSU tomó una decisión que parecía destinada a devolver estabilidad: contratar a Brian Kelly.
Era una apuesta enorme.
Kelly llegaba después de haber convertido a Notre Dame en uno de los programas más consistentes del país y recibió un contrato de diez años que rondaba los 95 millones de dólares.
El problema fue que la estabilidad nunca terminó de llegar.
Kelly consiguió buenos resultados. Terminó su etapa con un récord de 34-14, ganó tres bowls consecutivos y llevó a LSU al SEC Championship Game en 2022. Además, durante su mandato los Tigers tuvieron a Jayden Daniels, ganador del Heisman Trophy en 2023.
Pero LSU no llegó al College Football Playoff.
Y para un programa que había invertido semejante cantidad de dinero, eso terminó siendo determinante.
La temporada 2025 convirtió la tensión en crisis.
Después de caer ante Texas A&M por 49-25, LSU despidió a Kelly cuando tenía un récord de 5-3.
La propia universidad explicó que el nivel de éxito esperado en Baton Rouge no se había alcanzado.
Hasta aquí podría parecer simplemente otro despido.
Pero lo que ocurrió después convirtió el caso en algo mucho más grande.
1. El despido de Brian Kelly terminó convirtiéndose en una guerra institucional
El 26 de octubre de 2025 LSU anunció el despido de Brian Kelly.
Cuatro días después, el director deportivo Scott Woodward también abandonó su puesto.
Y entonces entró en escena una figura que normalmente no debería tener un papel protagonista en la contratación del entrenador de una universidad:
el gobernador de Louisiana, Jeff Landry.
Landry criticó públicamente la gestión del departamento deportivo y cuestionó especialmente la cantidad de dinero que LSU estaba comprometida a pagar a antiguos entrenadores.
El gobernador llegó a anunciar que Woodward no sería quien eligiera al siguiente entrenador de fútbol.
La situación era extraordinaria.
Un programa que acababa de despedir a su entrenador estaba ahora también buscando un nuevo director deportivo y afrontando una discusión política sobre quién debía dirigir el futuro de LSU Football.
Y todavía faltaba la parte económica.
Los 54 millones de Brian Kelly
El contrato de Kelly incluía un enorme buyout.
Después de su despido, LSU y el entrenador comenzaron una disputa sobre cuánto debía recibir.
Inicialmente, el entorno de Kelly sostuvo que la universidad debía pagar aproximadamente 54 millones de dólares.
LSU, sin embargo, llegó a plantear que Kelly no había sido formalmente despedido y que podía existir una vía para terminar su contrato “for cause”, lo que habría cambiado radicalmente sus obligaciones económicas.
Kelly terminó demandando a LSU.
La disputa duró varias semanas.
Finalmente, el 26 de noviembre de 2025, LSU confirmó oficialmente que Kelly había sido despedido sin causa y que debía recibir el buyout completo, estimado en unos 54 millones de dólares.
Es decir:
LSU había despedido a su entrenador, perdido a su director deportivo y terminado comprometida con uno de los mayores pagos por despido de la historia del College Football.
Y todo eso ocurrió antes de contratar al siguiente entrenador.
2. El caso Kyren Lacy añadió otra capa de controversia
Mientras LSU atravesaba aquella crisis, otro episodio relacionado con uno de sus antiguos jugadores había generado una enorme atención pública.
Kyren Lacy, receptor de LSU entre 2022 y 2024, fue acusado por las autoridades de Louisiana de estar involucrado en un accidente de tráfico mortal ocurrido en diciembre de 2024.
La investigación policial sostuvo que Lacy conducía de forma temeraria y que sus acciones habían desencadenado la cadena de acontecimientos que terminó con la muerte de un hombre de 78 años.
En enero de 2025 fue acusado de homicidio negligente, huida del lugar del accidente y conducción temeraria.
Pero el caso se volvió todavía más complejo.
En abril de 2025, antes de que un gran jurado pudiera revisar el caso, Lacy murió por una herida de bala autoinfligida después de una persecución policial.
Meses después, el abogado de Lacy publicó imágenes que cuestionaban la versión policial.
La policía estatal de Louisiana respondió publicando sus propios vídeos, informes y testimonios y mantuvo que la conducción de Lacy había provocado la cadena de acontecimientos que desembocó en el accidente.
Incluso un informe de la oficina del fiscal cuestionó posteriormente algunas conclusiones de la investigación policial y señaló que existían inconsistencias en el informe inicial.
Por tanto, este episodio requiere una precisión importante:
no existe una conclusión judicial que establezca que Lacy fuera responsable del accidente.
El caso quedó sin llegar a juicio tras su muerte.
Pero sí se convirtió en uno de los episodios más delicados relacionados con un jugador de LSU en los últimos años.
Y también generó preguntas sobre la relación entre los jugadores y el cuerpo técnico.
El padre de Lacy criticó públicamente a Brian Kelly después de su despido y afirmó que el entrenador no había contactado con la familia tras la muerte de su hijo, mientras que destacó el apoyo recibido de Frank Wilson y otros miembros del programa. Esa afirmación fue hecha por la familia y no constituye una conclusión independiente sobre la conducta de Kelly.
Es un detalle importante porque ayuda a entender algo que aparece repetidamente en las críticas a la etapa de Kelly:
la percepción de que existía una distancia entre el entrenador y determinados sectores de la comunidad LSU.
3. Antes de Kelly ya existía una historia mucho más antigua y complicada
Aquí es donde la historia de LSU se vuelve todavía más incómoda.
En abril de 2025, el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos confirmó la sentencia de un caso presentado por Sharon Lewis, antigua empleada del departamento de fútbol de LSU.
Lewis trabajó durante aproximadamente 21 años dentro del programa.
Durante la etapa de Les Miles, afirmó haber recibido y comunicado denuncias relacionadas con acoso sexual y otras conductas inapropiadas.
También acusó al antiguo entrenador asistente Frank Wilson de conducta sexual inapropiada y afirmó haber sufrido represalias después de denunciar diferentes situaciones.
La historia llegó a los tribunales.
Y aquí es fundamental distinguir entre alegaciones y hechos judicialmente establecidos.
Un jurado había fallado a favor de LSU en las reclamaciones que llegaron a juicio.
En abril de 2025, el Quinto Circuito confirmó esa decisión y consideró que existía una base probatoria suficiente para que el jurado concluyera que el despido de Lewis formaba parte de una reestructuración del departamento impulsada por Brian Kelly y no de una represalia por sus denuncias.
Eso significa que Lewis no ganó su demanda.
Pero el contenido del proceso resulta relevante para comprender la historia del programa.
Según los documentos judiciales, Lewis había denunciado internamente situaciones relacionadas con Les Miles y Frank Wilson años antes. También alegó que determinadas decisiones laborales posteriores fueron represalias por sus denuncias.
El tribunal dejó constancia de esas alegaciones, pero la decisión final fue favorable a LSU.
Y hay un detalle especialmente llamativo:
Brian Kelly volvió a contratar a Frank Wilson en diciembre de 2021, poco después de llegar a LSU. Lewis, que estaba de baja desde abril de ese año, afirmó que posteriormente fue despedida en enero de 2022 por sus denuncias. LSU sostuvo que formaba parte de una reestructuración mucho mayor del departamento de recruiting, en la que fueron despedidas alrededor de 40 personas.
El caso terminó con el veredicto favorable a LSU.
Pero explica por qué las discusiones sobre cultura interna, liderazgo y gestión del programa no empezaron con Lane Kiffin.
4. Entonces llegó Lane Kiffin
Después de todo aquello, LSU necesitaba algo más que un entrenador.
Necesitaba un reinicio.
Y eligió a uno de los personajes más controvertidos del College Football.
Lane Kiffin.
Kiffin había convertido Ole Miss en un programa nacionalmente relevante y llegó a Baton Rouge después de una temporada 2025 en la que los Rebels terminaron con un récord de 11-1.
LSU lo presentó como un entrenador capaz de adaptarse a la nueva era del fútbol universitario.
La elección tenía sentido.
También tenía riesgo.
Porque si existe una característica que define a Kiffin además de su capacidad ofensiva es precisamente su disposición a empujar los límites.
Y no tardó en hacerlo.
5. El último gran escándalo: LSU contra la SEC
Aquí llegamos al episodio que todavía está abierto en septiembre de 2026.
Y probablemente el más importante de todos.
El nuevo sistema de elegibilidad del College Football ha generado una situación extraordinaria.
Algunos jugadores que habían abandonado el fútbol universitario para intentar llegar a la NFL se encontraron posteriormente con la posibilidad de regresar al deporte universitario bajo las nuevas reglas de elegibilidad.
Kiffin decidió aprovechar esa posibilidad.
Dos de sus antiguos jugadores de Ole Miss, Dae’Quan Wright y Zxavian Harris, habían pasado brevemente por el fútbol profesional después de la temporada universitaria y posteriormente fueron incorporados a la órbita de LSU.
La SEC consideró que LSU estaba cruzando una línea.
La conferencia había establecido reglas que impedían que jugadores que hubieran firmado contratos profesionales regresaran a competir en el fútbol universitario.
Y LSU decidió desafiar esa interpretación.
El resultado fue extraordinario:
la SEC demandó a LSU.
La demanda, presentada en un tribunal federal de Alabama, nombra como demandados a LSU, a miembros de su dirección, al director deportivo Verge Ausberry y a Lane Kiffin. La SEC sostiene que LSU está vulnerando sus reglas sobre profesionalismo y amenaza con alterar las condiciones de competencia dentro de la conferencia.
No es una discusión menor.
Es LSU contra su propia conferencia.
6. Un juez permitió a los jugadores regresar
La situación se volvió todavía más complicada.
El 4 de septiembre de 2026, un juez de Louisiana concedió una medida cautelar que permitía a Wright y Harris incorporarse al roster de LSU.
La decisión afectaba a un problema mucho mayor: alrededor de 42 atletas en diferentes deportes se encontraban en situaciones relacionadas con el cambio de las reglas de elegibilidad.
El juez consideró que los jugadores tenían argumentos suficientes para continuar compitiendo mientras se resolvía el conflicto legal.
La SEC, sin embargo, no dio un paso atrás.
La conferencia había aprobado una norma que podía permitir sanciones importantes a las universidades que utilizaran jugadores que hubieran firmado contratos profesionales, incluyendo posibles suspensiones de entrenadores y multas económicas.
Y entonces llegó el primer partido de la temporada.
7. LSU tenía permiso para utilizarlos… pero decidió no hacerlo
Este detalle resume perfectamente el caos.
El viernes, un tribunal había abierto la puerta para que los jugadores pudieran competir.
El sábado LSU se enfrentaba a Clemson.
Todo el mundo esperaba saber qué haría Kiffin.
La respuesta fue:
ninguno de los dos apareció en el roster del partido.
LSU decidió no utilizarlos en el encuentro inaugural pese a la medida cautelar favorable.
La razón era evidente: la universidad no quería comenzar la era Kiffin enfrentándose a una posible batalla disciplinaria con la SEC antes incluso de jugar el primer partido.
Y entonces ocurrió algo casi irónico.
LSU salió al campo.
Jugó contra Clemson.
Y ganó 51-10.
Sin los dos jugadores que habían provocado el terremoto institucional.
Los Tigers acumularon 644 yardas ofensivas y limitaron a Clemson a solamente 145.
Kiffin consiguió su primera gran victoria.
Pero la batalla legal continúa.
¿Es LSU el problema o simplemente está jugando mejor al nuevo College Football?
Esta es probablemente la pregunta más interesante.
Porque sería demasiado fácil contar esta historia como:
“LSU es un programa lleno de escándalos.”
La realidad es bastante más complicada.
LSU no es la única universidad con conflictos de NIL.
No es la única que tiene disputas de elegibilidad.
No es la única que ha tenido entrenadores despedidos con enormes buyouts.
No es la única universidad que ha intervenido en procesos judiciales relacionados con sus deportistas.
Lo que diferencia a LSU es que todos estos fenómenos han coincidido en el mismo programa y en un periodo muy corto de tiempo.
Y, sobre todo, LSU parece haber tomado una decisión.
Ya no quiere adaptarse al nuevo College Football.
Quiere competir por dominarlo.
El dinero explica una parte de la historia
El cambio de Brian Kelly a Lane Kiffin no fue barato.
Según estimaciones publicadas durante la reconstrucción, LSU tuvo que asumir un enorme coste acumulado entre el buyout de Kelly, el contrato de Kiffin, su salida de Ole Miss y la inversión necesaria para reconstruir la plantilla.
El propio programa confirmó que Kiffin llegó acompañado de una transformación masiva del roster.
La clase de transferencias de LSU fue considerada la número uno del país y el entrenador incorporó a más de 40 jugadores a su nuevo proyecto.
Eso no es reconstruir lentamente.
Es reconstruir a toda velocidad.
Y explica por qué Kiffin está dispuesto a experimentar con los límites de las nuevas reglas.
Porque el College Football actual recompensa a quien encuentra talento.
Y el portal de transferencias ha convertido el roster en algo mucho más parecido a una plantilla profesional.
La frontera entre universidad y deporte profesional se ha vuelto cada vez más difícil de definir.
El problema es que LSU está pagando el precio de ser el primero en cruzar algunas líneas
Esta es mi interpretación de lo que está ocurriendo.
No necesariamente porque LSU esté haciendo algo ilegal.
Eso tendrá que decidirlo la justicia y, en determinados aspectos, los organismos deportivos correspondientes.
Pero sí porque LSU está probando hasta dónde llega el nuevo sistema.
Kiffin ha entendido algo que quizá otras universidades también han comprendido:
si las reglas cambian más rápido que las instituciones, el primero que se atreve a utilizarlas puede obtener una ventaja enorme.
El problema es que alguien tiene que ser el primero.
Y al primero normalmente le cae toda la presión.
Eso explica por qué entrenadores como Dabo Swinney han criticado públicamente la incorporación de jugadores procedentes de la NFL.
Swinney calificó la práctica de volver a incorporar a jugadores que habían pasado por training camps de la NFL como algo “embarrassing”, mientras Kiffin defendió la estrategia.
La discusión ya no es solamente sobre LSU.
Es sobre qué significa ser jugador universitario en 2026.
¿Y qué ocurre dentro de LSU ahora?

Aquí está la paradoja.
Mientras fuera del campo LSU está rodeada de controversias, dentro del campo el proyecto parece funcionar.
El debut de Kiffin fue demoledor.
El quarterback Sam Leavitt respondió.
La ofensiva produjo.
La defensa dominó.
Y Tiger Stadium volvió a comportarse como Tiger Stadium.
Eso hace que la historia sea mucho más interesante.
Porque si LSU hubiera perdido contra Clemson, todas estas controversias habrían parecido todavía más graves.
Pero ganó 51-10.
Y ahora la pregunta cambia.
¿Qué ocurrirá si LSU empieza a ganar de verdad?
Porque ganar puede convertir la controversia en poder.
Si LSU llega al College Football Playoff, nadie hablará solamente de los problemas.
Hablará de una universidad que encontró la forma de competir en el nuevo sistema antes que sus rivales.
Si Kiffin fracasa, todas las decisiones agresivas parecerán imprudentes.
Si gana…
pueden acabar pareciendo visionarias.
LSU no tiene un problema. Tiene varios
Y quizá esa sea la mejor forma de entender toda esta historia.
No existe un único “escándalo LSU”.
Existe una acumulación de problemas y decisiones.
La etapa de Brian Kelly terminó en un despido durante la temporada y una disputa contractual de aproximadamente 54 millones de dólares.
Scott Woodward abandonó la dirección deportiva pocos días después.
El caso Kyren Lacy añadió una tragedia y una controversia legal relacionada con un antiguo jugador del programa.
El caso Sharon Lewis puso sobre la mesa acusaciones históricas relacionadas con el entorno del departamento de fútbol, aunque los tribunales terminaron fallando a favor de LSU en las reclamaciones que llegaron a juicio.
Lane Kiffin llegó para reconstruir el programa.
Y pocos meses después LSU terminó demandada por su propia conferencia por la cuestión de los jugadores procedentes de la NFL.
Son historias diferentes.
No tienen el mismo origen.
No tienen el mismo grado de gravedad.
Y algunas ni siquiera han terminado.
Pero juntas dibujan una imagen muy clara:
LSU está atravesando una transformación profunda.
Y quizá el mayor escándalo sea que el fútbol universitario todavía no sabe cuáles son las reglas
Esta es la conclusión más importante.
Sería fácil convertir esta historia en una acusación contra LSU.
Pero el problema es mucho más grande.
El fútbol universitario ha cambiado radicalmente en pocos años.
NIL.
Portal de transferencias.
Revenue sharing.
Jugadores que pueden moverse.
Jugadores que pueden ganar dinero.
Demandas sobre elegibilidad.
Atletas que llegan a la NFL y posteriormente quieren regresar a la universidad.
Conferencias que crean sus propias normas.
Tribunales que intervienen.
Y universidades que intentan descubrir cómo competir en medio de todo ello.
LSU simplemente ha decidido ir un paso más allá.
Y ahora todo el mundo está mirando.
LSU ganó el primer partido. La verdadera prueba acaba de comenzar
El 51-10 contra Clemson puede convertirse en el comienzo de una nueva era.
O puede terminar siendo simplemente una noche espectacular antes de que vuelvan los problemas.
Porque la temporada 2026 no va a juzgar a Lane Kiffin únicamente por sus touchdowns.
También lo va a juzgar por cómo gestione el caos que rodea al programa.
La demanda de la SEC sigue abierta.
La situación de los antiguos jugadores profesionales no está resuelta definitivamente.
La reconstrucción de LSU apenas acaba de empezar.
Y, mientras tanto, Kiffin tiene que conseguir algo mucho más complicado:
ganar.
Porque en LSU el éxito siempre ha sido la mejor defensa.
Y quizá también sea la única capaz de convertir todos estos escándalos en una historia de revolución.
Por ahora, la primera respuesta ha sido contundente.
LSU 51, Clemson 10.
El ruido continúa.
Pero por primera vez en mucho tiempo, en Baton Rouge el ruido está siendo acompañado por fútbol americano de alto nivel.

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