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5 jugadores clave de los Buffalo Bills en 2026: las estrellas que pueden llevarles al Super Bowl

Los Buffalo Bills llevan años viviendo en ese extraño territorio reservado a los grandes equipos que todavía no han conseguido convertirse en campeones.

Son buenos. Muy buenos.

Han ganado partidos, han dominado la temporada regular, han tenido uno de los mejores quarterbacks de la NFL y han construido una identidad reconocible. Pero cada enero aparece la misma pregunta: ¿será este el año en el que Buffalo consiga llegar hasta el final?

En 2026, la pregunta vuelve a plantearse con más fuerza.

Los Bills terminaron la temporada 2025 con un balance de 12-5, segundos de la AFC Este, y volvieron a alcanzar la ronda divisional. James Cook terminó como líder de la NFL en yardas terrestres con 1.621, mientras Josh Allen lanzó para 3.668 yardas y 25 touchdowns y añadió 579 yardas y 14 touchdowns por tierra.

Pero el verano ha cambiado algunas piezas importantes.

Sean McDermott ya no está en el banquillo. Su antiguo coordinador ofensivo, Joe Brady, se ha convertido en el nuevo head coach, mientras que Pete Carmichael Jr. ha asumido la coordinación ofensiva y Jim Leonhard dirige ahora la defensa. Buffalo también incorporó a DJ Moore, uno de los movimientos más importantes de su offseason.

El resultado es un equipo que mantiene su núcleo, pero que afronta 2026 con una sensación diferente.

Y dentro de ese núcleo hay cinco jugadores que pueden marcar la diferencia entre otra gran temporada regular y algo que Buffalo lleva décadas esperando.

1. Josh Allen: el jugador que convierte una buena temporada en una candidatura al Super Bowl

El arma más poderosa de Bills tiene nombre y apellidos, Josh Allen, un jugador determinante por muchos motivos al que tan solo le queda conseguir un anillo.

Hay una manera sencilla de explicar la importancia de Josh Allen en Buffalo: los Bills pueden ganar de muchas maneras, pero difícilmente pueden ganar el Super Bowl sin él jugando a su máximo nivel.

Allen llegó a la NFL en 2018 como una apuesta arriesgada. Buffalo lo seleccionó con el séptimo pick del Draft después de una carrera universitaria en Wyoming en la que su brazo y su potencial físico eran evidentes, pero también existían enormes dudas sobre su precisión.

El quarterback que llegó a Buffalo no se parecía demasiado al que juega actualmente.

Después de varios años de evolución, Allen se ha convertido en uno de los jugadores más completos de la NFL. En sus primeras ocho temporadas acumuló 30.102 yardas de pase y 220 touchdowns, además de 4.721 yardas terrestres y 71 touchdowns por esa vía.

Y 2025 volvió a demostrar por qué es tan difícil defenderlo.

Terminó la temporada con 3.668 yardas de pase, 25 touchdowns, 10 intercepciones y un rating de 102,2, además de 579 yardas y 14 touchdowns terrestres.

Pero la estadística que mejor explica a Allen quizá sea otra.

Es uno de esos quarterbacks capaces de convertir una jugada rota en una oportunidad de touchdown. Puede lanzar desde cualquier ángulo, escapar de la presión y ganar yardas con las piernas cuando la defensa parece haberlo encerrado.

Eso también tiene un precio.

Buffalo ha dependido en ocasiones demasiado de esa capacidad de improvisación. Y los playoffs han demostrado que contra las mejores defensas de la AFC no siempre basta con que Allen sea el jugador más espectacular sobre el terreno de juego.

En 2026 tendrá además una historia personal particularmente interesante.

El primer partido de la temporada será contra Houston Texans, precisamente en el estadio donde Allen ha tenido algunos de los peores resultados de su carrera. Ha perdido los cuatro partidos que ha disputado en Houston y llega al encuentro con una oportunidad inmediata de cambiar esa historia.

El estreno de Joe Brady también coloca a Allen en el centro de todo.

Brady conoce perfectamente al quarterback después de haber trabajado con él como coordinador ofensivo. Ahora tendrá que demostrar que puede pasar de diseñar el ataque a dirigir toda una franquicia.

Si Allen vuelve a jugar a nivel MVP, Buffalo será candidato.

Si Allen da un paso atrás, será mucho más difícil imaginar a los Bills levantando el Lombardi.

2. James Cook: de pieza secundaria a una de las grandes armas ofensivas de la NFL

Durante bastante tiempo, James Cook parecía destinado a ser uno de esos running backs excelentes que viven a la sombra de su quarterback.

En 2025 dejó de serlo.

Cook terminó la temporada como máximo corredor de toda la NFL con 1.621 yardas, 12 touchdowns terrestres y una media de 5,2 yardas por carrera. Además añadió 291 yardas y dos touchdowns como receptor.

Su evolución es especialmente importante porque Buffalo ha construido una ofensiva que no necesita que Allen lance 40 veces cada domingo.

De hecho, los Bills fueron uno de los equipos más peligrosos por tierra en 2025. El conjunto terminó con 2.714 yardas terrestres, mientras que Cook aportó por sí solo 1.621.

Eso cambia completamente el problema que debe resolver una defensa.

Si un rival coloca demasiados jugadores atrás para intentar limitar a Allen, Cook puede castigarle por tierra.

Si la defensa se acerca demasiado al box, Allen tiene espacio para atacar por aire.

Y ahora Buffalo quiere explorar todavía más esa combinación.

Los informes previos a 2026 apuntan a una utilización mayor de Cook en el juego de pase. NFL.com señalaba antes de la temporada que el running back había jugado solamente el 56,4 % de los snaps ofensivos en 2025, a pesar de su producción, y que una mayor presencia en el juego aéreo podría aumentar todavía más su impacto.

Hay además una pequeña historia que resume su evolución.

Cuando llegue al primer partido de 2026, Cook tendrá 4.259 yardas terrestres con Buffalo y será ya el sexto corredor de la historia de la franquicia. Necesita 187 yardas para alcanzar el quinto puesto.

No es simplemente una curiosidad estadística.

Es la consecuencia de que aquel jugador elegido en la segunda ronda del Draft de 2022 se haya convertido en el motor terrestre de uno de los principales aspirantes de la AFC.

Y con Joe Brady fuera del puesto de coordinador y Pete Carmichael tomando las riendas del ataque, habrá una pregunta interesante:

¿puede Cook ser todavía más importante?

Si la respuesta es sí, Buffalo tendrá una ofensiva mucho más difícil de neutralizar.

3. DJ Moore: el fichaje que puede cambiar la geometría del ataque

DJ Moore se presenta en Buffalo ante una oportunidad de redención

Quizá ningún nuevo jugador haya generado tanta expectación alrededor de los Bills como DJ Moore.

Y aquí está la parte curiosa: Buffalo no lo necesitaba porque no tuviera receptores.

Necesitaba un receptor capaz de cambiar la manera en la que las defensas podían enfrentarse a Josh Allen.

Moore llegó desde Chicago después de una temporada 2025 bastante discreta: 50 recepciones, 682 yardas y seis touchdowns. Pero sería un error analizarlo solamente por esos números. Su carrera anterior demuestra que puede producir mucho más: antes de 2025 había conseguido dos temporadas consecutivas superando las 1.100 yardas con Carolina.

Ese contraste es precisamente lo que hace interesante su llegada.

Buffalo no está fichando únicamente al Moore de 2025.

Está apostando por recuperar al jugador que durante años fue una de las amenazas más constantes de la NFL.

En Carolina coincidió precisamente con Joe Brady, que fue su coordinador ofensivo durante las temporadas en las que Moore superó las 1.100 yardas. Ahora ambos vuelven a encontrarse en Buffalo, aunque esta vez desde posiciones diferentes: Brady como head coach y Moore como una de las principales armas de Allen.

Y el contexto es ideal.

El quarterback ya tiene a Khalil Shakir, Dalton Kincaid, Dawson Knox y James Cook. Moore añade otra pieza que obliga a la defensa a respetar el perímetro.

Eso puede tener un efecto dominó.

Un safety que se acerque a ayudar contra Moore puede abrir espacio para Kincaid.

Un linebacker preocupado por Kincaid puede dejar más margen para Cook.

Una defensa que intente cargar la caja contra Cook puede quedar expuesta a un lanzamiento profundo.

El verdadero valor de Moore puede no aparecer solamente en sus estadísticas. Puede aparecer en las estadísticas de los demás.

Y eso es especialmente interesante en un equipo que terminó 2025 con 6.397 yardas ofensivas y 62 touchdowns.

La cuestión para 2026 será saber cuánto puede acercarse Moore a la versión de sí mismo que vimos antes de 2025.

Si vuelve a ser un receptor de más de 1.000 yardas, la ofensiva de Buffalo puede dar un salto.

4. Dalton Kincaid: el arma que puede hacer que Buffalo sea todavía más incómodo por el centro

Cuando los Bills seleccionaron a Dalton Kincaid con el pick 25 del Draft de 2023 después de subir posiciones para conseguirlo, la idea era bastante clara.

Querían un tight end capaz de funcionar como receptor.

Tres años después, empieza a parecer que aquella apuesta puede haber sido incluso más importante de lo que parecía.

Kincaid tuvo algunos problemas físicos durante sus primeras temporadas, pero en 2025 dio otro paso adelante.

Terminó con 39 recepciones para 571 yardas y cinco touchdowns en 12 partidos, y fue seleccionado para el Pro Bowl por primera vez. Además, en los dos partidos de playoffs de Buffalo consiguió nueve recepciones para 111 yardas y dos touchdowns.

Hay un dato especialmente llamativo.

Cuando Kincaid recibió objetivos en 2025, el rating de pase de Buffalo fue de 149,2, el mejor entre los tight ends de la NFL según los Bills. También lideró a los tight ends con 14,6 yardas por recepción.

Eso explica por qué puede ser tan importante en 2026.

Kincaid no tiene que convertirse necesariamente en un jugador de 100 recepciones.

Su valor está en ocupar el espacio que existe entre linebackers y safeties, especialmente cuando las defensas intenten concentrarse en Allen, Cook y Moore.

Y hay otra cuestión.

Con Pete Carmichael como coordinador ofensivo, Buffalo puede tener una oportunidad de utilizar todavía más sus tight ends. Kincaid llega a la temporada hablando precisamente de los cambios ofensivos y de su preparación física para su cuarto año.

El jugador que fue elegido en Utah como un receptor disfrazado de tight end puede convertirse en una de las piezas que definan la identidad ofensiva de la nueva etapa de Buffalo.

Y si consigue mantenerse sano, su techo es considerablemente mayor que sus números de 2025.

5. Christian Benford: el jugador que puede convertir una buena defensa en una defensa de campeonato

Los cuatro nombres anteriores pertenecen al ataque.

El quinto tenía que ser defensivo.

Porque una de las grandes preguntas alrededor de Buffalo en 2026 es precisamente si la defensa será capaz de dar el salto que necesita el equipo.

Y ahí aparece Christian Benford.

Su historia es probablemente la menos conocida de las cinco.

Buffalo lo seleccionó en la sexta ronda del Draft de 2022, procedente de Villanova. No llegó como una estrella. Ni siquiera como una elección alta.

Pero fue ganándose un puesto hasta convertirse en uno de los pilares de la secundaria.

En 2024 ya había sido titular en 15 partidos y terminó con 64 placajes, un sack, dos intercepciones, dos fumbles forzados y un fumble recuperado.

En 2025 tuvo menos partidos —14—, pero siguió produciendo grandes jugadas: 42 placajes, dos sacks, cuatro pases defendidos, dos intercepciones y un touchdown defensivo.

El único touchdown de Benford la temporada pasada fue por una intercepción ante Joe Burrow

Y ese touchdown cuenta una historia especialmente curiosa.

Benford se convirtió en 2025 en el primer jugador de la historia de los Bills en conseguir touchdowns defensivos en partidos consecutivos. Además, fue el único jugador de toda la NFL esa temporada que combinó al menos dos intercepciones, dos sacks y dos touchdowns defensivos.

No es un cornerback construido alrededor del ruido.

Es un jugador que ha ido creciendo desde abajo.

Y ahora tiene una responsabilidad mucho mayor.

Con Jim Leonhard como nuevo coordinador defensivo y una estructura renovada, Buffalo necesita que su secundaria sea capaz de aguantar a los grandes ataques de la AFC.

El primer examen será especialmente duro.

Houston tiene a Nico Collins, uno de los receptores más físicos y peligrosos de la liga, y Benford será una de las piezas importantes para intentar limitarlo.

Si Benford puede consolidarse como un cornerback de nivel élite, la defensa de Buffalo tendrá una pieza alrededor de la cual construir.

Y eso puede acabar siendo tan importante como cualquier touchdown de Allen.

¿Son suficientes cinco jugadores para llevar a Buffalo al Super Bowl?

Probablemente no.

Y ese es precisamente el punto.

Los Bills no tienen un problema de talento. Tienen un problema de margen.

Llevan años estando lo suficientemente cerca como para que cada eliminación en playoffs duela más que la anterior.

En 2025 volvieron a ganar 12 partidos y llegaron a la ronda divisional, pero terminaron eliminados por Denver en un partido que se decidió en tiempo extra.

Ahora el proyecto cambia de manos.

Joe Brady sustituye a Sean McDermott después de años en los que Buffalo construyó una de las franquicias más consistentes de la AFC. Pete Carmichael toma el mando de la ofensiva y Jim Leonhard introduce una nueva visión defensiva.

Y el calendario tampoco permitirá demasiado margen para experimentar.

Buffalo comienza en Houston, recibe después a Detroit y Los Angeles Chargers, y más adelante tendrá enfrentamientos contra Baltimore, Kansas City, Green Bay y Denver, además de sus habituales duelos divisionales.

Por eso estos cinco jugadores son tan importantes.

Josh Allen representa el techo.

James Cook representa el equilibrio.

DJ Moore representa la nueva dimensión.

Dalton Kincaid representa la versatilidad.

Christian Benford representa la posibilidad de que la defensa dé el salto definitivo.

Pero todos ellos están unidos por una misma cuestión.

Buffalo ya sabe ganar durante 18 semanas.

Ahora necesita demostrar que sabe ganar cuando una temporada entera se reduce a una tarde de enero.

Y quizá esa sea la verdadera historia de los Bills en 2026.

No necesitan convertirse en un gran equipo.

Necesitan demostrar que pueden convertirse en el equipo que todavía no han conseguido ser.

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